En ocasiones, es necesario saber cuál es el momento idóneo en el que debemos de frenar. Y no es sencillo, perder la consciencia de la velocidad que uno lleva en el día a día es habitual, muy habitual. No solo te pasa a ti, nos pasa a todos, y poder recuperar esa consciencia es fundamental.

Decía un anuncio de hace años, que «La potencia sin control, no sirve de nada». Yo añadiría, que la velocidad sin control es lo más peligroso. La frenada es mucho mayor, necesitamos más tiempo y el nivel del impacto es mucho mayor.

Pregúntate, ¿de qué sirve avanzar mucho y rápido si luego tenemos un «accidente» y nos detendremos para mucho tiempo?

Hay que ser consciente de qué velocidad llevamos, si tenemos los elementos necesarios para ir a esa velocidad (el equipo preciso), y sobre todo, si somos nosotros los que controlamos la velocidad, o por contra, es la velocidad quien nos controla. Es mejor reducir un poco la velocidad y seguir nuestro camino de forma segura, a dejarnos llevar por el momento, la euforia o los estímulos externos.

Como decía otro anuncio, queremos que llegues a casa, da igual que sea tarde, pero llegar es lo primero. También en tu empresa.

Carlos Zubialde

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