Comparar, todos los días, en cada momento, nos comparamos o nos comparan; esto es mejor que aquello, mi coche tiene más potencia que el del vecino, las hamburguesas de Mcdonals son mejores que las de Burgen King, azul o rojo, estamos comparando de forma constante.
Si me hubieran pagado un solo céntimo de euro por cada vez que un cliente me ha comparado con otro competidor, por precio, servicio, forma, tiempo, equipo, plazos, me es indiferente el motivo, posiblemente hoy, podría retirarme a unas islas paradisiacas y vivir la vida de forma tranquila.
No estoy en contra de las comparaciones, justo a la contra, me encanta comparar y que me comparen, claro que sí. Pero para eso, es necesario hacerlo en «igualdad de condiciones», y ese suele ser el problema, tendemos a comparar servicios o productos, cuando las condiciones en las que se hace, no son iguales para las partes comparadas.
Esto suele ser muy común en el mundo de la empresa, cuando se quiere proponer un cambio; la parte «interesada» en el cambio (no lo digo que sea parte económicamente interesada, suele ser por servicio, comodidad o incluso afinidad personal), presenta una comparación entre los elementos, y tiende a hacer una comparación algo «tendenciosa», eliminando algún aspecto de la nueva propuesta. Por ejemplo, se comparan dos servicios, se dice que la nueva propuesta es mejor en la comparación de características, y que tiene por ejemplo mejor precio, pero, no se dice que el periodo de pago es más corto, lo que puede suponer una mayor tensión para el flujo de caja.
Ocurre diariamente, puedes hacer un recorrido mental y podrás observar que todos los días hay decisiones que se toman, en función de comparaciones, sin que se tome en consideración si todas las propuestas están siendo analizadas bajo la misma característica.
Otro ejemplo es cuando se comparan deportistas del pasado y actuales, con frases como que tal jugador hoy día no jugaría por sus características, o que tal atleta, si lo hiciera con los medios de hace décadas, no podría destacar. Las discusiones sobre si Maradona, Pele o Messi es el mejor de la historia, es constante. Y la verdad que es casi imposible determinarlo, debido a que no se pueden comparar, las características de comparación no son iguales. Esto no ocurre en el ciclismo, por ejemplo, donde si hay una serie de «medidas» de comparación: las montañas.
Desde que se disputan carreras ciclistas como el Tour de Francia, la Vuelta España o el Giro de Italia, las ascensiones a las cumbres están cronometradas, una misma distancia, en un mismo recorrido, realizado por distintos ciclistas. Y cuando se hace una comparación correcta, afloran los «buenos», y te pongo un ejemplo con el recientemente fallecido Federico Bahamontes: que fue el primer ganador español del Tour de Francia en el año 1959 (también ganaría el jersey de la montaña 6 veces).
Era tal su poderío, que subió ese año el mítico Puy de Dome con una bici de 12,7 kilos (las actuales pesan 6,8 kgs, es decir, la mitad), con una relación de solo 5 velocidades (hoy día llevan hasta 35), en un tiempo que fue mejor que el que marcaron el 97% de los ciclistas profesionales en el año 2023 subiendo al mismo puerto. Es más, Bahamontes completo los 12,5 kilómetros al 7,7% de porcentaje medio en 36:15, a solo 3:19 del récord establecido este año por Tadej Pogacar y en 1:45 que el ganador de la etapa, el ciclista canadiense Michael Woods. Si hacemos la regla matemática de equiparar el mismo peso, posiblemente Bahamontes tendría el record, o también podemos decir, que si Pogacar sube con una bici de 12,7 kgs, lo haría más despacio que Bahamontes.
Es verdad que no es comparable el material, la carretera (tierra frente al asfalto actual), la preparación, los mallots y culotes, o la nutrición, pero haciendo una comparación de tiempo y distancia por igual, podemos asegurar que el Aguila de Toledo, hoy día, sería una mega estrella del ciclismo.
Y es qué, cuando se hacen comparaciones, si todos parten con las mismas premisas, solo beneficiará a uno: el mejor.
Si haces comparaciones, prepara bien los datos anteriores, que todos sean iguales, para que tu comparación sea la mejor. Eso sí, la decisión posterior, es ya otra cuestión.
Carlos Zubialde
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