Decía Nietzsche que «es sencillo hacer que las cosas sean complicadas, pero difícil hacer que sean sencillas»; y no le faltaba razón al filósofo alemán, solo tienes que parar un minuto, y mirar a tu alrededor para ver la de «autocomplicaciones» que nos creamos.

En el día a día de las empresas, hay quien tiene la habilidad de complicar las situaciones, como si disfrutara de ellos, como si eso estuviera incluido en la nómina mensual. Puedo entender que sea incluso normal, estadísticamente es probable y deberíamos de saber que puede ocurrir, pero lo que sí me llama la atención muy poderosamente, es que aun estando localizado ese foco de generación de complicaciones, no se suele hacer nada para solucionarlo.

Uno de los argumentos más utilizado es que «estamos a cosas más importantes», lo cual, en boca de muchos CEO y altos directivos, es un atentado a toda lógica empresarial, no querer atajar un punto que crea una perdida de recursos, tiempo, y dinero al final del camino.

Muchas veces he intentado buscar cuál puede ser la razón de ello, y una de mis conclusiones es que no se hace porque es más sencillo afrontar complicaciones «técnicas» (la rotura de una máquina, un empleado que falta, el problema de descarga en el almacén etc.) que afrontar la conversación con la persona que genera las complicaciones. Porque no es cuestión de una conversación, es cuestión de saber que lo importante son las personas, no los servicios o productos.

Las personas que componen las empresas, sus miedos, sus retos, incluso sus aportaciones. Las técnicas  importadas de países como Japón, ponen el foco en la persona, a la que se le valora por sus aportaciones, y esta, responde implicándose en su día a día, en le mejora continua, la de verdad y no la que puedes leer en muchos post de Linkedin.

¿Conoces a tus empleados? ¿A tus compañeros de equipo? ¿Sabes que les motiva y que les desilusiona?

Puedes hacer dos cosas, la difícil es cambiar y aportar por las personas, la fácil, sigue igual, mira solo los servicios o productos, pero recuerda, al final, necesitas de personas para ofrecer servicios y productos a tus clientes.

 

Carlos Zubialde

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