El día a día nos come, estamos siempre ocupados, y en el caso de no estarlo, nos «autocastigamos» llenando nuestra agenda de eventos y compromisos, con el objetivo de poder decir al final del día que estamos cansados, no podemos más, menudo estrés y el resto de frases típicas y tópicas que solemos recitar de carrerilla.
Para un rato, hacer una pausa, tiene más beneficios que perjuicios, aunque algunos se preguntarán para qué hacer una pausa. Además de para poder aliviar una agenda, parar nos permite reflexionar o hacer una mirada hacia atrás. Cuando eres capaz de ver el camino que has recorrido, fuera de la velocidad del día a día, te permite observar con mayor detenimiento que has hecho, el camino, los cambios que se han producido, o incluso las oportunidades que pasaron por delante, y que la falta de tiempo no te hizo poder valorar aquello en su justa medida.
Si alguna vez has hecho esta «parada técnica», y ves aquella ocasión u oportunidad que estuvo delante de ti, durante un buen tiempo, pero no supiste aprovechar, habrás pasado por dos estadios distintos, uno de autoenfado por no haberlo atrapado, y el segundo, para jurarte que no te volverá a pasar, que las ocasiones no las dejarás escapar por falta de tiempo. Y es que no hay nada mejor para avanzar rápido, que hacer pausas intermedias, llegaras más lejos, sin duda.

Carlos Zubialde
info@carloszubialde.com