La vida está llena de toma de decisiones, cada acción conlleva una toma de decisión, desde que nos despertamos (ya decidimos si quedarnos un rato más en la cama o no), hasta que nos acostamos (me pongo pijama o no, por ejemplo).
Muchas de nuestras decisiones las tomamos de forma inconsciente, automatizada, y es que la experiencia ya nos hace poner el «el piloto automático», desechamos ideas casi casi sin llegar a tomarlas en consideración.
Pero cuando llevamos este nivel también al terreno profesional, y la toma de decisiones es automatizada, tarde o temprano, sale rojo cuando nos lo jugamos todo al negro.
Esa bofetada de realidad, en cierto modo, es necesaria.
Detrás de que saliera rojo en lugar de negro, algunos pueden decir que es por suerte. No se lo compro.
O por pura estadística. Tampoco se lo compro.
Lo que realmente hay detrás es la toma de una mala decisión, y ojo, no porque se tomara de forma equivocada o errónea, es una mala decisión porque se toma sin un estudio previo, sin una preparación ni valoración de la misma.
Y claro, sin ponderar las consecuencias.
Si tomas una decisión, valorada, meditada, conociendo los riesgos, y sale mal, tendrás que ver como hiciste esa valoración, si lo hiciste correctamente o te falto información.
Pero no podrás decir que fue, por suerte, estadística o el socorrido, «lo hace por fastidiarme».
Carlos Zubialde
info@carloszubialde.com