El replanteamiento de las horas de trabajo está siendo uno de los cambios que algunas empresas están considerando de forma muy seria para aplicar a sus empleados, y es que, pese a las altas cotas de paro en países como España, el problema de la falta de mano de obra es una auténtica epidemia en las economías de los países desarrollados.
Recientemente, salto la noticia sobre los horarios de la hostelería en España, que consideran que los horarios deben de racionalizarse. La noticia tiene tanto detractores y apoyos por igual, y es que la alegría va por barrios. Si eres un trabajador del sector, seguramente una racionalización será una solución para conciliar vida profesional y personal; pero si te toca en el otro lado de la barra, y quieres disfrutar de tu ocio, el reloj no tiene horas, no entiendes que quien te sirve también tiene vida, lo importante solo es la diversión, aquello que dijo la presidenta de la Comunidad de Madrid de «la libertad de tomar cañas es lo importante».
Además, a esto le tenemos que unir la anomalía del horario español, desfasado desde los años 40 (vamos una hora de adelanto con respecto al sol), la jornada partida para trabajar, y una sobremesa de más de 2 horas, lo que como consecuencia tiene una salida muy tardía del trabajo, una cena muy tardía y un prime time televisivo fuera de toda lógica.
La generación Z, esa que nació entre 1994 y el 2010, es la que se está incorporando al mercado laboral, y no tragan con lo establecido. El teletrabajo, las vacaciones, las condiciones laborales, son aspectos muy importantes, y lo ponen por adelantado cuando se les entrevista. No tienen ese miedo que se tenía hace años, y no lo tienen porque saben que si no es en ese trabajo, pueden encontrar otro, lo importante es conjugar y equilibrar la vida profesional y personal.
Todos esos directivos que están haciendo volver a sus trabajadores a la oficina, que odian el teletrabajo o el híbrido, porque «no controlan» al personal, no se están enterando que los tiempos no están cambiando, los tiempos ya han cambiado.
Carlos Zubialde
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