Desde que somos pequeños, desde la más tierna infancia, nos dicen que copiar es malo, aprovecharse del compañero o compañera para superar una prueba es sinónimo de haber trabajado poco, de no haber preparado las tareas, y de buscar el camino más corto y sencillo para superarlo.

Asumámoslo, copiar está mal visto en nuestra cultura.

Pero en otras culturas, como la china, copiar es un arte, está enraizado con la forma de ser de su cultura. Tan es así, que una idea, un negocio, es clonado en menos que canta un gallo, pero ojo, con una diferencia respecto a las copias que vemos a nuestro alrededor: el que copia lo hace para mejorar el original, para ser más auténtico, más «total», mientras en nuestra cultura, normalmente, la copia es eso, una mala copia, el recurso fácil para salir del paso, y no la base sobre la que crear algo distinto, mejor.

Por eso, si alguna vez me copian, y veo que esa copia tiene un resultado mejor que el original, solo puedo decir una cosa:  !Bravo!

Pero si la copia es eso, una mala copia, me enfado, es casi un insulto, si haces una cosa, por favor, que su resultado sea mejor que el original.

Y lo reconozco, !Yo también he copiado!

Todos, en algún momento profesional, hemos copiado, no en el sentido «literal» de fusilar una idea, pero si tomarla como base, como inicio, desde el cual terminar desarrollando una «nueva idea», algo distinto, y diferenciador.

La música es un ejemplo perfecto, si conoces la mítica canción del grupo estadounidense Metallica titulado «Nothing Else Matters», sabes que hablamos de una muy buena canción; ahora escucha esta versión, este «cover» , cantado solo acapella, es la misma canción, pero, ¿dirías que es una copia?

 

Si copias, por favor, hazlo para que el resultado sea mejor.

Carlos Zubialde

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