No es la primera ocasión en la que abordo el teletrabajo, y el trabajo en remoto, qué son dos modalidades distintas, pero tienen ciertas similitudes en ciertos procesos, pero no son los mismos.

La principal diferencia es que el trabajo en remoto, el trabajador está separado físicamente por una distancia kilométrica de sus oficinas o compañeros, pero puede desarrollar su labor en su domicilio (teletrabajo), o en otras instalaciones propias como un despacho o un coworking. Pero yo quiero hablar esta vez plenamente del teletrabajo.

De la misma forma que no todos los trabajos pueden tener esta opción (un operario de una línea de ensamblaje de cualquier industria, no podría hacerlo), no es frecuente poner el foco en que no todos los trabajadores, todas las personas, están preparadas para teletrabajar. Se supone, mejor dicho, se presupone que todos tenemos las capacidades suficientes como para desarrollar la labor profesional en nuestro domicilio, igual que en las oficinas, y esto, es un error muy común.

Y es que no, de la misma forma que no todos los puestos de trabajo pueden teletrabajar, todas las personas no están preparadas para teletrabajar.

Es cierto que si son sistemas híbridos (3 días presenciales y 2 de teletrabajo, por ejemplo), es posible «disimular» lo difícil que se le hace a muchas personas teletrabajar. Y también hay el otro extremo, personas que quisieran teletrabajar más días, y es que en ambos casos, son víctimas de lo mismo, de tratar a todos por el mismo rasero, sin tener en consideración si la persona se adaptará a ese entorno laboral. No es necesario hacer un diagnóstico psicológico para ver como puede adaptarse la persona al teletrabajo, pero si hay algunos rasgos que definen a los que mejor se adaptan:

– Organización: fundamental y necesario. En la oficina o el entorno laboral, hay una serie de normal y «controles», que en el teletrabajo se difuminan. Ser organizado es necesario para que el tiempo sea productivo y no distraerse.

-Automotivación: Estás solo o sola, no puedes apoyarte en nadie, por eso, es preciso tener la capacidad de mantenerse motivado sin la presencia física de compañeros o supervisores

-Autodisciplina: Se requiere poder tener una autogestión de los tiempos y recursos sin supervisión directa/inmediata

-Automotivación: En soledad, sin apoyo físico de compañeros o mentores, mantener un nivel de automotivación, es fundamental para afrontar el día a día

-Adaptabilidad: Se precisa tener la capacidad de estar abierto a cambios y ajustarse a las nuevas necesidades

-Comunicación efectiva: No es lo mismo comunicar en persona que en entornos digitales, hay que conocer las formas de comunicarse claramente para evitar malos entendidos

-Gestión del tiempo: Muy unido a la organización, pero sobre todo lo enfocaríamos a personas que tengan la capacidad de saber priorizar las tareas y gestionar el tiempo de manera eficiente

-Resilientes: Trabajar en solitario requiere aceptar desafíos, superar problemas y obstáculos solo, sin que ello le lleve a una desmotivación, y una reducción del rendimiento

Estos rasgos son fundamentales para quien debe de afrontar el teletrabajo. Desde las empresas, deben de evaluar si sus empleados tienen estas capacidades, para reforzar las que pudieran no ser tan evidentes. Y sucede lo mismo con el trabajador, si hay alguno de estos rasgos en los que su competencia es menor, debe de trabajar en mejorarlo, porque de la mano de esa mejora, vendrá una experiencia más fructifera.

No todos los puestos pueden teletrabajar, y ahora, tenemos que añadir, no todos los trabajadores están preparados para teletrabajar.

Carlos Zubialde

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