Y es de toda lógica, todo tiene un límite: los materiales tienen una resistencia según su composición, y si se traspasa el umbral, se rompe, así de sencillo, física pura.

Pero, ¿y las personas?

Los humanos también tenemos un límite, todos tenemos límites de resistencia, que nos vienen determinados por cuestiones genéticas, la educación y los sentimientos y emociones. Por ese motivo, la actitud de las personas para afrontar una situación determinada es distinta. Los hay que analizan la situación, toman decisiones rápidamente y se ponen en marcha; otros, hacen todo eso pero piensan en grupo, mientras que otro grupo espera órdenes a que quien lidera de forma natural, deja a otros eso de pensar. Y claro, están los que se bloquean completamente o los que de forma sistemática intentarán entorpecer o llevar la contraria.

Quien gestiona un equipo o grupo humano, tiene la obligación de saber quién es quien es su equipo, y que pueden aportar cada uno de ellos. Y suele ser un problema gestionar a los que llevan la contraria, sí, pero casi nadie habla de lo difícil que es «controlar» a los que ejercen el liderazgo.

Cuando estos líderes no tienen la experiencia necesaria, tienden a ofuscarse, a participar en todo, inmiscuirse en el trabajo del equipo, y en cierto modo, a contaminar la labor, y lo que es peor, tienden a quemarse y romperse, por no saber gestionar los tiempos y las frustraciones.

Y te pongo un ejemplo, como el ocurrido con Gavi, excelente y joven jugador de futbol (19 años), que recientemente ha sufrido una grave, muy grave lesión con la selección española de futbol jugando un intrascendente partido de clasificación para la Eurocopa 2024, y para la que la selección ya estaba clasificada, y qué ojo, puede llegar a poner en peligro su incipiente y parecía que brillante carrera deportiva.

Este chaval es el prototipo de líder, al que han cargado con un exceso de responsabilidad para su corta edad; desde su juventud seguramente ha pensado que era invencible, que estaba protegido frente a circunstancias como las lesiones, y exigía al resto de sus compañeros su mismo compromiso sobre el terreno de juego. Pero, se ha lesionado de gravedad, podemos decir que la realidad le ha golpeado hasta «despertarle» de golpe.

El principal error no es suyo, la falta de experiencia le ha jugado esta mala pasada; el principal error es de su «jefe», del seleccionador, en este caso, que sabiendo qué puede ocurrir, de su juventud, de la carga de trabajo que lleva (ha jugado el doble de lo que jugo una estrella mundial como Messi a su misma edad), no protegió a su líder, y cuando aprietas mucho, como los materiales, se rompe.

Todo esto me lleva a hacerme la pregunta si en la empresa actual, los «seleccionadores» (CEO, etc.), tienen en consideración las correctas cargas de trabajo y responsabilidades de sus «líderes» (Directores, gerentes, jefes de equipo, etc.), o si hacen como el seleccionador de España, no tener en cuenta nada de esto, aunque en el camino se quede alguien, que ojo, a la larga, puede ser más necesario que nadie para nuestro equipo.

Carlos Zubialde

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